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22 de abril de 2010

LA ARGENTINA INSOLENTE

El Dr. Mario A. Rosen es médico, educador, escritor. Tiene 63 años. Socio fundador de Escuela de Vida, Columbia Training System, y Dr.. Rosen & Asociados. Desde hace 15 años coordina grupos de entrenamiento en Educación Responsable para el Adulto. Ha coordinado estos cursos en Neuquén, Córdoba, Tucumán, Rosario, Santa Fe, Bahía Blanca y en Centro América. Médico residente y Becario en Investigación clínica del Consejo Nacional de Residencias Médicas (UBA).. Premio Mezzadra de la Facultad de Ciencias Médicas al mejor trabajo de investigación (UBA). Concurrió a cursos de perfeccionamiento y actualización en conducta humana en EEUU y Europa. Invitado a coordinar cursos de motivación en Amway y Essen Argentina, Dealers de Movicom Bellsouth, EPSA, Alico Seguros, Nature, Laboratorios Parke Davis, Melaleuka Argentina, BASF.


La Argentina Insolente
En mi casa me enseñaron bien.
Cuando yo era un niño, en mi casa me enseñaron a honrar dos reglas sagradas:
Regla N° 1: En esta casa las reglas no se discuten.
Regla N° 2: En esta casa se debe respetar a papá y mamá.
Y esta regla se cumplía en ese estricto orden.
Una exigencia de mamá, que nadie discutía... Ni siquiera papá.
Astuta la vieja, porque así nos mantenía a raya con la simple amenaza: “Ya van a ver cuando llegue papá”.
Porque las mamás estaban en su casa.
Porque todos los papás salían a trabajar...
Porque había trabajo para todos los papás, y todos los papás volvían a su casa.
No había que pagar rescate o ir a retirarlos a la morgue.
El respeto por la autoridad de papá (desde luego, otorgada y sostenida graciosamente por mi mamá) era razón suficiente para cumplir las reglas.
Usted probablemente dirá que ya desde chiquito yo era un sometido, un cobarde conformista o, si prefiere, un pequeño fascista, pero acépteme esto: era muy aliviado saber que uno tenía reglas que respetar.
Las reglas me contenían, me ordenaban y me protegían.
Me contenían al darme un horizonte para que mi mirada no se perdiera en la nada, me protegían porque podía apoyarme en ellas dado que eran sólidas... Y me ordenaban porque es bueno saber a qué atenerse. De lo contrario, uno tiene la sensación de abismo, abandono y ausencia.
Las reglas a cumplir eran fáciles, claras, memorables y tan reales y consistentes como eran “lavarse las manos antes de sentarse a la mesa” o “escuchar cuando los mayores hablan”.
Había otro detalle, las mismas personas que me imponían las reglas eran las mismas que las cumplían a rajatabla y se encargaban de que todos los de la casa las cumplieran. No había diferencias.
Éramos todos iguales ante la Sagrada Ley Casera.
Sin embargo, y no lo dude, muchas veces desafié “las reglas” mediante el sano y excitante proceso de la “travesura” que me permitía acercarme al borde del universo familiar y conocer exactamente los límites.
Siempre era descubierto, denunciado y castigado apropiadamente..
La travesura y el castigo pertenecían a un mismo sabio proceso que me permitía mantener intacta mi salud mental. No había culpables sin castigo y no había castigo sin culpables. No me diga, uno así vive en un mundo predecible..
El castigo era una salida terapéutica y elegante para todos, pues alejaba el rencor y trasquilaba a los privilegios. Por lo tanto las travesuras no eran acumulativas. Tampoco existía el dos por uno. A tal travesura tal castigo. Nunca me amenazaron con algo que no estuvieran dispuestos y preparados a cumplir.
Así fue en mi casa. Y así se suponía que era más allá de la esquina de mi casa.
Pero no. Me enseñaron bien, pero estaba todo mal.
Lenta y dolorosamente comprobé que más allá de la esquina de mi casa había “travesuras” sin “castigo”, y una enorme cantidad de “reglas” que no se cumplían, porque el que las cumple es simplemente un estúpido (o un boludo, si me lo permite decir).
El mundo al cual me arrojaron sin anestesia estaba patas para arriba.
Conocí algo que, desde mi ingenuidad adulta (sí, aún sigo siendo un ingenuo), nunca pude digerir, pero siempre me lo tengo que comer: "la impunidad".
¿Quiere saber una cosa? En mi casa no había impunidad.
En mi casa había justicia, justicia simple, clara, e inmediata. Pero también había piedad.
Le explicaré:
Justicia, porque “el que las hace las paga”.
Piedad, porque uno cumplía la condena estipulada y era dispensado, y su dignidad quedaba intacta y en pie.
Al rincón, por tanto tiempo, y listo... Y ni un minuto más, y ni un minuto menos.
Por otra parte, uno tenía la convicción de que sería atrapado tarde o temprano, así que había que pensar muy bien antes de sacar los pies del plato.
Las reglas eran claras. Los castigos eran claros. Así fue en mi casa.
Y así creí que sería en la vida. Pero me equivoqué.
Hoy debo reconocer que en mi casa de la infancia había algo que hacía la diferencia, y hacía que todo funcionara.
En mi casa había una “Tercera Regla” no escrita y, como todas las reglas no escritas, tenía la fuerza de un precepto sagrado. Esta fue la regla de oro que presidía el comportamiento de mi casa:
Regla N° 3: No sea insolente. Si rompió la regla, acéptelo, hágase responsable, y haga lo que necesita ser hecho para poner las cosas en su lugar.
Ésta es la regla que fue demolida en la sociedad en la que vivo..
Eso es loque nos arruinó. LA INSOLENCIA.
Usted puede romper una regla -es su riesgo- pero si alguien le llama la atención o es atrapado, no sea arrogante e insolente, tenga el coraje de aceptarlo y hacerse responsable.
Pisar el césped, cruzar por la mitad de la cuadra, pasar semáforos en rojo, tirar papeles al piso, tratar de pisar a los peatones, todas son travesuras que se pueden enmendar... a no ser que uno viva en una sociedad plagada de insolentes.
La insolencia de romper la regla, sentirse un vivo, e insultar, ultrajar y denigrar al que responsablemente intenta advertirle o hacerla respetar. Así no hay remedio.
El mal de los Argentinos es la insolencia.
La insolencia está compuesta de petulancia, descaro y desvergüenza..
La insolencia hace un culto de cuatro principios:
- Pretender saberlo todo
- Tener razón hasta morir
- No escuchar
- Tú me importas, sólo si me sirves.
La insolencia en mi país admite que la gente se muera de hambre y que los niños no tengan salud ni educación.
La insolencia en mi país logra que los que no pueden trabajar cobren un subsidio proveniente de los impuestos que pagan los que sí pueden trabajar (muy justo), pero los que no pueden trabajar, al mismo tiempo cierran los caminos y no dejan trabajar a los que sí pueden trabajar para aportar con sus impuestos a aquéllos que, insolentemente, les impiden trabajar.
Léalo otra vez, porque parece mentira.
Así nos vamos a quedar sin trabajo todos.
Porque a la insolencia no le importa, es pequeña, ignorante y arrogante.
Bueno, y así están las cosas.
Ah, me olvidaba, ¿Las reglas sagradas de mi casa serían las mismas que en la suya?
Qué interesante. ¿Usted sabe que demasiada gente me ha dicho que ésas eran también las reglas en sus casas?
Tanta gente me lo confirmó que llegué a la conclusión que somos una inmensa mayoría. Y entonces me pregunto, si somos tantos, ¿por qué nos acostumbramos tan fácilmente a los atropellos de los insolentes?
Yo se lo voy a contestar.
PORQUE ES MÁS CÓMODO, y uno se acostumbra a cualquier cosa, para no tener que hacerse responsable.
Porque hacerse responsable es tomar un compromiso y comprometerse es aceptar el riesgo de ser rechazado, o criticado.
Además, aunque somos una inmensa mayoría, no sirve para nada, ellos son pocos pero muy bien organizados.
Sin embargo, yo quiero saber cuántos somos los que estamos dispuestos a respetar estas reglas.
Le propongo que hagamos algo para identificarnos entre nosotros.
No tire papeles en la calle. Si ve un papel tirado, levántelo y tírelo en un tacho de basura. Si no hay un tacho de basura, llévelo con usted hasta que lo encuentre. Si ve a alguien tirando un papel en la calle, simplemente levántelo usted y cumpla con la regla 1. No va a pasar mucho tiempo en que seamos varios para levantar un mismo papel.
Si es peatón, cruce por donde corresponde y respete los semáforos, aunque no pase ningún vehículo, quédese parado y respete la regla.
Si es un automovilista, respete los semáforos y respete los derechos del peatón. Si saca a pasear a su perro, levante los desperdicios.
Todo esto parece muy tonto, pero no lo crea, es el único modo de comenzar a desprendernos de nuestra proverbial INSOLENCIA.
Yo creo que la insolencia colectiva tiene un solo antídoto, la responsabilidad individual.
Creo que la grandeza de una nación comienza por aprender a mantenerla limpia y ordenada.
Si todos somos capaces de hacer esto, seremos capaces de hacer cualquier cosa.
Porque hay que aprender a hacerlo todos los días.. Ése es el desafío.
Los insolentes tienen éxito porque son insolentes todos los días, todo el tiempo.
Nuestro país está condenado: O aprende a cargar con la disciplina o cargará siempre con el arrepentimiento.

¿A USTED QUÉ LE PARECE?
¿PODREMOS RECONOCERNOS EN LA CALLE ?
Espero no haber sido insolente.
En ese caso, disculpe.
Dr. Mario Rosen
(¿Sería muy insolente si le pido que lo reenvíe?)

14 de marzo de 2010

UNA JUEZA CON AGALLAS

NOTIVIDA, Año X, Nº 671, 13 de marzo de 2010
Comodoro Rivadavia (Chubut), Argentina
KAZAKEVICH: UNA JUEZA CON AGALLAS
La jueza Kazakevich denegó el pedido de aborto.
No se dejó intimidar por la presión oficial.
No se guió por el asesinato judicial reciente. “No falló por la tapa de Clarín sino por la ley"
Por Mónica del Río
Señalábamos el 2 de marzo que otro pedido de aborto iniciaba su trámite en el Juzgado de Familia Nº 2 de Comodoro Rivadavia, a cargo de la Dra. Diana de Kazakevich (Cuando un hijo te cambia la vida).
Es un caso similar al anterior, una adolescente abusada -al menos desde los 7 años- por el conviviente de su madre. Una madre que alega haberse enterado de los abusos, cuando su hija –que ahora tiene 15 años- llevaba 17 semanas de gestación y que se presentó a la justicia pidiendo autorización para que le practiquen un aborto.
Ayer, la valiente decisión de la jueza Kazakevich sorprendió a los que esperaban que se someta a la arbitraria sentencia del Tribunal Superior o que se dejara intimidar por la presión del gobierno provincial y nacional, dos gobiernos que intentan politizar y corromper la administración de justicia (Vid Notivida 670).
Sin embargo, Kazakevich denegó el pedido de aborto, afirmando en su sentencia que la decisión del Tribunal Superior de Justicia “no es vinculante” y “carece de fuerza obligatoria para resolver este caso”.
Para felicitar a la Jueza Kazakevich pulse aquí
O ingrese en
http://www.notivida.org/emails/AlertaAbortoComodoro.html
La defensora oficial que patrocina a la madre de la menor anticipó que apelará el fallo.
La Secretaría de Derechos Humanos, a cargo de Luis Duhalde, presionará una vez más para que se viole el primer derecho humano, el derecho a la vida, presentándose ante la Cámara de Apelaciones como amicus curiae.
La sentencia de Kazakevich se conoció horas después de que en la misma provincia asesinaran –con la venia judicial- a un bebé engendrado en similares circunstancias y los abortistas se muestran desconcertados. Pero nosotros estamos convencidos de que el deplorable asesinato de cada pequeño-inocente robustece, sin proponérselo, el combate provida.
En pocas horas transforman a un débil e indefenso bebé en poderoso intercesor.

8 de octubre de 2008

SALVAR A LA MUJER ES SALVAR A LA FAMILIA


Con la misma sinceridad con que reflejamos en este blog el tema de la salita de pediatría de nuestro hospital con el título "Chascomús, un pueblo que dice la verdad",
Hoy sentimos que es nuestro deber reproducir la primera plana de nuestra edición impresa del mes de octubre de 2008.


En sus homilías de esponsales, el actual Obispo Emérito de Chascomús, Monseñor José María Montes gustaba repetir no sin una sonrisa que “el hombre es, en el matrimonio cristiano, cabeza de la mujer y salvador de su cuerpo” haciendo el paralelo entre Cristo y la Iglesia, su esposa mística.
No se refería el anciano Obispo a que la mujer no fuera capaz de pensar por sí misma, sino que el hombre debía preocuparse de preservarla de todos los males que pudieran dañarla porque de ella depende nada más ni nada menos que la familia.
Dios necesitó de una familia para que Su Hijo se manifestara y esperó el sí de la mujer, y le puso un compañero terreno para que se encargara no sólo de ella sino del Hijo.
Cuando en Chascomús se dio el feliz suceso de que una mujer accediera al cargo de Intendente, muchas esperanzas se depositaron en ella y fue desde estas páginas, desinteresadas si las hay en la prensa lugareña, que se dijo “Ganó la mujer… ganará la familia” y dijimos también que el segundo período la expondría al desgaste político y que cuando ese momento llegara debería apoyarse en la gente que la votó, el hombre y la mujer comunes que no se resignan a un Chascomús carcomido por una crisis moral y ética de la que pareciera estar “prisionera” la mujer más importante de la historia lugareña.
Quiera Dios que en este mes de la familia, la luz necesaria llegue a los distintos estamentos del poder político local y comience la reparación. Luz significa que lo que está oculto se descubra y que el camino a seguir sea el de la honestidad y el cumplimiento del deber. Cada uno en su rol, porque de lo contrario será la Patria chica quien demande a quienes no cumplieron y será Dios, el Padre justo, quien llamará a cada uno por su nombre y a ÉL difícilmente puedan mentirle.

25 de julio de 2008

CHASCOMÚS: UN PUEBLO QUE DICE LA VERDAD



La construcción de la Sala de Pediatría del hospital municipal de Chascomús "San Vicente de Paul" no es sólo una obra más. Es parte de la deuda que el partido tiene con sus más de once mil niños.
Se trata de una sala de alta complejidad, ya que la atención de los niños se hace con el servicio de médicos pediatras las veinticuatro horas, en el sector de niños y maternidad de la planta actual.
No debe permitirse que sea utilizada políticamente y mucho menos desviado de los temas de interés comunitario. Por eso la reacción de los vecinos ante la difusión pública de un documental sensacionalista y casi alejado de la verdad transmitido por un canal de la provincia de Buenos Aires.
El apoyo a la Intendente Municipal, Trabajadora Social Liliana Denot, fue inmediato y se tradujo en conceptos vertidos a través de la prensa lugareña. Particularmente en "La mañana de todos", programa conducido por Ángel Páez Bruno.
En suma, la comunidad propuso la apertura de una cuenta especial de la Cooperadora en la cual los vecinos, instituciones y empresas podrán hacer sus donativos exclusivamente con ese fin. Tal el anuncio del pasado jueves 24 de julio de 2008 hecho en una conferencia de prensa a la que asistieron parte del gabinete de gobierno municipal y miembros de la Asociación Cooperadora de la institución.
El funcionamiento del mencionado centro de salud es motivo de orgullo para los chascomunenses, por la excelencia de su personal a lo largo de más de cien años de historia. Desde la humilde "sala de hombres" hasta la planta actual, de sencillas pero modernas líneas han transcurrido varias generaciones de nativos que sirvieron en él. Eso, y no la política mal entendida, fue lo que lo hizo grande.
Pretender enturbiar esa realidad no pude permitirse. Por eso será la comunidad quien continuará ayudando a través de su Cooperadora
para que el hospital de Chascomús siga siendo un ejemplo de solidaria protección de la vida.