26 de diciembre de 2010

LEIMOS Y COMPARTIMOS:2011: el futuro por delante

Decía el poeta y filósofo alemán Novalis que “el camino misterioso va hacia el interior” y no le faltaba razón. Somos lo que son nuestras habitaciones interiores. La realidad se cuece dentro de cada uno de nosotros. Ciertamente, como dice Novalis: “es en nosotros, y no en otra parte, donde se halla la eternidad de los mundos, el pasado y el futuro”.

Vivimos, sentimos y pensamos a través del escenario del alma. Precisamente, el problema de nuestro tiempo surge a raíz de que, cada día, ese futuro tiene más caminos. Es verdad que parte de esas veredas no conducen nada más que a la desesperación. Pero otras vías si nos llevan a buen puerto. Negarlo sería mezquino. Mientras haya vida hay futuro y su esencia es ir hacia delante. ¡Ojalá vivas todos los días de tu vida! No te la devalúes. Saber vivir es lo único importante.

La vida es demasiado corta para dedicarse a perder el tiempo, hay que tomarla como una misión, de servicio, de trabajo, de ocupación. Nada es imposible. El corazón humano todo lo puede. A pesar de los que piensan que el camino de la justicia es algo inalcanzable, o que el camino del amor es un amor imposible, es cuestión de trabajar por lo que se desea. ¿Qué es la vida sino un deseo? Es cierto que las desigualdades nos distancian. Pues hay que dejarse la vida por el cambio. Todo va a depender de nuestras actuaciones. Ahora bien, tengamos en cuenta que la mejor escuela del mañana son las vivencias del pasado. El porvenir se construye sobre el tiempo vivido. Las sociedades con pasado y las personas cautivadas por el futuro, llevan consigo la fuerza vital necesaria para no desfallecer en el camino. Ahora, que se inicia el 2011, puede que sea tiempo de construir castillos en el aire, pero no olvidemos que a fuerza de construir sueños, se llega a reconstruir la vida, a cimentar los cimientos que nos permita compartir la tierra; no en vano, la utopia es el primer paso de todo progreso, el esbozo de un porvenir mejor.

El futuro es de aquellos que creen en la belleza de sus anhelos. Un ejemplo: Las Naciones Unidas, a través de su Departamento de Información Pública, a diario preparan y lanzan campañas de comunicación sobre temas fundamentales relacionados con la misión de la Organización. Estas acciones son las que merecen el mayor de los aplausos. Es como un despertar a ser más humanos. La posibilidad de llevar a buen término una ilusión es lo que hace que la vida sea más seductora. Al fin y al cabo, celebrar la vida y el sueño de vivir, es lo verdaderamente interesante.

El trabajo de Naciones Unidas es un claro testimonio de lucha por la existencia del planeta y la de sus moradores. En 1999, en el Foro Económico Mundial de Davos (Suiza), el Secretario General propuso un "Pacto Mundial" entre las Naciones Unidas y el mundo de los negocios. Hoy, este sueño, sigue siendo el mayor futuro de sostenibilidad empresarial. En febrero de 2008, el Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-moon emprendió su campaña “Únete para poner fin a la violencia contra las mujeres”, una iniciativa multianual encaminada a prevenir y eliminar la violencia contra mujeres y niñas en todas las partes del mundo. Hoy, este sueño, sigue siendo también el mayor futuro de sostenibilidad pacifista de género. La Cumbre Mundial de la ONU, celebrada del 20 al 22 de septiembre de 2010, sobre los objetivos de desarrollo del Milenio concluyó con la adopción de un plan de acción mundial para alcanzar los ocho objetivos de lucha contra la pobreza para su fecha límite de 2015 y el anuncio de los principales nuevos compromisos para la salud de las mujeres y los niños y otras iniciativas contra la pobreza, el hambre y la enfermedad… Hoy, también, este sueño sigue siendo el mayor futuro de sostenibilidad de vida para todos. Gracias a esta perspectiva humanizadora, de estas campañas y de tantas otras, nos consta que la ONU tiene una audiencia cada vez mayor que comprende y apoya su labor. Este trabajo paciente, como el que realiza Naciones Unidas, es lo que realmente cambia el mundo.

Está visto que por la violencia nada se consigue. Para interesarse los unos por los otros, la sociedad tiene que dejar de adorar el oro del poder y practicar la autocrítica. Las reformas del planeta, que siempre son precisas y necesarias, no pueden imponerse por la intimidación. Hermann Hesse tiene una receta a propósito que no me resisto a darle fuelle recordatorio: “lo blando es más fuerte que lo duro; el agua es más fuerte que la roca, el amor es más fuerte que la violencia”. El primer rescate de futuro es el del sosiego. Para tener inquietudes antes hay que tener quietud. “Ante las injusticias y adversidades de la vida… ¡calma”, pidió Gandhi. Con tranquilidad se consolidan los más níveos futuros. Sólo puede destrozarlo el ser humano que, ciertamente, a veces es una amenaza contra sí y contra el mundo, al rechazar de su camino toda fuerza moral.

Hagamos, pues, que sea posible un 2011 injertado de futuro humano, que es lo mismo que de sentido cívico, valor hoy totalmente excluido de las hojas de vida del hombre. La factura de esta desgracia la pagamos todos. En cualquier caso, sabemos que no puede brotar la solidaridad entre generaciones si antes no hay un discernimiento social de las cosas, y que tampoco puede haber futuro sino presto interés por cultivarlo. Si queremos que, en verdad, el futuro deje de ser una tortura para muchas vidas, propiciemos el temple del alma sobre todo lo demás. Consideremos de una vez por todas, que un mundo de apariencias nos destroza cualquier tiempo venidero. Las cosas del corazón son las únicas que tienen futuro, siempre lo han tenido y siempre lo tendrán.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor

corcoba@telefonica.net

25 de diciembre de 2010

Tregua de Navidad

BUSQUEN ESTA PELÏCULA...

LA película Feliz Navidad (en español), de Christian Carion, retrata la tregua de Navidad entre tropas enemigas en el frente occidental de la Primera Guerra Mundial durante la navidad de 1914, empieza con la música que el Sacerdote empieza a tocar en su gaita.
La tregua comenzó en la víspera de la Navidad, el 24 de diciembre de 1914 cuando las tropas alemanas comenzaron a decorar sus trincheras, luego continuaron con su celebración cantando villancicos, específicamente Stille Nacht (Noche de paz).
Las tropas británicas en las trincheras al otro lado respondieron entonces con villancicos en inglés. Ambos lados continuaron el intercambio gritando saludos de Navidad los unos a los otros. Pronto ya había llamadas a visitas en la tierra de nadie, donde pequeños regalos fueron intercambiados: whisky, cigarrillos, etc. La artillería en esa región permaneció silenciosa esa noche. La tregua también permitió que los caídos recientes fueran recuperados desde detrás de las líneas y enterrados. Se condujeron ceremonias de enterramiento con soldados de ambos lados del conflicto llorando las pérdidas juntas y ofreciéndose su respeto.
En un entierro en la Tierra de nadie, soldados británicos y alemanes se reunieron para leer un fragmento del Salmo 23: El Señor es mi pastor, nada me falta. Sobre pastos verdes me hace reposar, por aguas tranquilas me conduce. El Señor me da nueva fuerza, me consuela, me hace perseverar. Me lleva por el buen camino, por el amor de su nombre. Aunque camine por un valle oscuro no temeré mal alguno porque Él está conmigo.

La tregua se propagó hacia otras áreas, y hay muchas historias — algunas quizá apócrifas — de partidos de fútbol entre las fuerzas enemigas. Hay cartas que confirman que el resultado de uno de esos juegos fue 3 a 2 a favor de Alemania. En muchos sectores la tregua sólo duró esa noche, pero en algunas áreas duró hasta el año nuevo, e incluso hasta el mes de febrero.
La tregua ocurrió a pesar de la oposición de los niveles superiores de los ejércitos. Anteriormente un pedido hecho por el Papa Benedicto XV de una tregua entre las partes en guerra había sido desoído. Los comandantes británicos John French y Sir Horace Smith-Dorrien juraron que una tregua así nunca volvería a permitirse (sin embargo ambos habían dejado el mando antes de la Navidad de 1915). En los años subsiguientes se ordenaron bombardeos de artillería en la víspera de la festividad para asegurarse de que no hubiera más reblandecimientos en medio del combate. Asimismo las tropas eran rotadas por varios sectores del frente para evitar que se familiaricen demasiado con el enemigo. A pesar de esas medidas hubo encuentros amigables entre soldados, pero en una escala mucho menor que la de los encuentros del año anterior. Durante la Pascua de 1916 ocurrió una tregua similar pero en el Frente oriental.

24 de diciembre de 2010

UNA NAVIDAD DISTINTA

por Liana Castello

Escritora
castelloliana@gmail.com

Tomado de la revista virtual San Pablo de diciembre de 2010.

León era el hijo menor de una familia bien acomodada. Para él y su familia, la Navidad siempre había sido algo muy importante, digna de festejar. Quizás el niño desconocía el porqué, pero estaba acostumbrado a que la Navidad se recibía a lo grande.

Su madre colocaba flores y guirnaldas por toda la casa. Ponía la mejor vajilla en la mesa y preparaba los más sabrosos platos. Su padre decoraba el frente de la casa, y, luego de las doce, el árbol se llenaba de decenas de paquetes envueltos con papeles metalizados y moños de colores.

Todos disfrutaban cada Navidad, sin embargo, en verdad, León no sabía bien qué era lo que realmente estaban festejando cada uno en el fondo de su corazón. Distraído en decoraciones y cartas a papá Noel, nunca se había puesto a pensar en lo esencial de tal fecha. Poco le faltaba para averiguarlo.

La víspera de Nochebuena decidió salir a dar un paseo. Aunque su madre le pidió que no lo hiciera, puesto que se avecinaba una tormenta de nieve, el niño no hizo caso.

Se alejó más de la cuenta, y, cuando quiso volver, ya la tormenta estaba sobre él, y nada pudo hacer. Desorientado, caminó buscando un refugio que no le fue fácil encontrar. Perdió la cuenta de cuánto había andado, hasta que llegó a una casa muy humilde.

Golpeó la puerta donde sólo había colgado un pequeño moño rojo de una tela vieja y raída.

¿Qué haces, pequeño, en el medio de este temporal? –preguntó una señora muy amable al tiempo que lo hacía pasar.

Lo abrigó con una cobija y, mientras le servía un chocolate de muy mala calidad pero muy calentito, le pidió que le contase cómo había llegado hasta allí.

León le contó que, desobedeciendo a su madre, había salido a pasear y que lo había sorprendido la tormenta.

¿Puedo llamar a mi mamá? –dijo sollozando el niño.

Es que no tenemos teléfono, pequeño, sino con gusto –contestó la señora.

¿Y cómo haré para volver? ¡Mañana es Nochebuena! −exclamó León muy angustiado.

Algo se nos va a ocurrir, no llores. Ya verás, cuando vengan mi esposo y mis hijos, algo pensaremos todos juntos.

¿Y ellos dónde están? −preguntó León.

Trabajando.

¿Con esta tormenta?

Si no trabajamos, no comemos, con o sin tormenta −respondió resignada la señora.

A los pocos minutos, entraron el esposo y los tres hijos. El menor parecía de la edad de León. Todos con sus caras frías, rojas, tiritando, pero sonrientes.

María, así se llamaba la dueña de casa, relató a su esposo cómo había llegado hasta allí el pequeño.

Esperemos que pase la tormenta y saldremos a buscar a tu familia –propuso José.

La tormenta era más intensa cada hora que pasaba. Se hacía imposible salir de la casa sin que alguno corriese peligro.

León pensaba que ya no podría ver a su familia para la Nochebuena, y eso lo angustiaba mucho. También era cierto que pensaba en los regalos que quedarían sin abrir en el gran árbol de su casa, y, por un momento, lo desconcertó no distinguir qué lo preocupaba más.

Esperemos que mañana todo mejore –dijo José–, mientras tanto, serás nuestro invitado de lujo.

León pensó que “lujo” no era la palabra que más se ajustaba a las circunstancias, tiempo después, se daría cuenta de lo equivocado que estaba.

Con más detenimiento, miró el humilde ambiente, no vio ningún árbol adornado, sino un pesebre con un niño Jesús, algo deteriorado, con flores frescas y aromáticas a su lado.

No había guirnaldas, ni moños, tampoco preparativos de una gran comida, pero todo era cálido y festivo.

Se sentaron a cenar, y, como único plato, María sirvió una sopa que, para sorpresa de León, resultó ser la más rica que hubiese probado.

A la hora de dormir, le cedieron la cama más cerca del hogar. María le dio las buenas noches y besando su frente, le dijo:

Verás que mañana todo mejora, no te preocupes.

A la mañana siguiente, el tiempo empeoró aun más. León despertó llorando, y aumentó su desconsuelo cuando miró por la ventana.

No llores –lo animó el más chiquito de la familia–. Hoy es un día de fiesta, ya te reencontrarás con tu familia, disfrutemos de los preparativos.

¿Preparativos? −se preguntó León.

Como leyéndole la mente, el más pequeño le explicó:

Como hoy es un día especial, mi mamá horneará pan, y cada uno de nosotros preparará un regalo sorpresa para otro miembro de la familia… ahora también habrá que preparar uno para ti.

León estaba confundido. Por un lado, se sentía triste, por el otro, conmovido de ver cómo, con tan poco, la familia era feliz y podía festejar.

Pasó la tarde observando a cada miembro de la familia que preparaba, en secreto, un regalo, sólo uno, para el otro, a María horneando pan y a José que buscaba, casi infructuosamente, más flores frescas para el niño Jesús.

Era casi la hora de cenar, y la tormenta seguía acechando. Comenzó a resignarse a que no vería a su familia esa Nochebuena, pero la idea –si bien lo entristecía− no lo desesperaba ya.

María puso la mesa de la misma manera que la noche anterior, sólo unos ramos de muérdago fresco la adornaban.

Cada miembro de la familia colocó su regalito, envuelto precariamente, junto al niño Jesús.

¿No esperan a Papá Noel? –preguntó intrigado León.

No es que no lo esperemos, hijo, con esta tormenta, no podrá venir. Mejor le ofrendamos al niño Dios nuestros obsequios para que él los bendiga y bendiga también a quien lo reciba –contestó José.

Se bañaron y se cambiaron de ropa. No era ropa que León estuviese acostumbrado a ver en una Nochebuena; era la más linda que la familia tenía.

Para recibir al niño Dios –expresó María emocionada y colocó una flor en su cabello.

León observaba a María, José y sus hijos como vivían una Nochebuena tan humilde y tan sentida. Cada uno sabía que lo que iba a ocurrir era un milagro. El niño Dios nacería una vez más, y ellos lo recibirían de la mejor manera posible. León empezó a entender que la palabra lujo sí cabía en esa familia.

Cuando iban a sentarse a la mesa, golpearon la puerta. Con gran emoción, León advirtió que eran sus papás, quienes, gracias a tener una potente camioneta, habían podido encontrarlo.

Luego de abrazar a su hijo y agradecer la hospitalidad de la familia, quisieron retirarse a celebrar la Nochebuena en su casa.

Quédense por favor –los invitó María–. Será un honor para nosotros compartir la mesa.

No es bueno volver a tomar la ruta con esta lluvia, sean nuestros invitados de lujo, hoy es un día de fiesta, y hay que celebrar –insistió José. De lujo” ya no sonó extraño en los oídos de León y, menos aún, en su corazón.

Esa fue una Nochebuena diferente, sin moños, sin árbol, sin grandes paquetes, ni manteles, ni copas.

Sin embargo y para su sorpresa, había sido de lujo, un pan horneado, un regalo hecho con amor, la fe con la que esperaban al niño y tantos gestos simples e inmensos a la vez.

Esto no significó que León no volviese a disfrutar de su árbol de Navidad, los regalos, la comida, no obstante, aprendió que el verdadero sentido de las cosas no se envuelve con un moño, ni entra en ningún paquete y que puede haber lujo donde habita el amor, sea en las condiciones que sea.

23 de diciembre de 2010

REFLEXIÓN SIN DESPERDICIOS


Amigos todos:

Tengo el agrado de invitarlos a la despeddia que pienso realizar a partir de mañana, estoy segura que en alguna se prenderán conmigo:

§ Le digo adiós a toda la gente con mala onda, la que se acerca a sembrar discordia, la que aburre con su pesimismo, la que pretende ocupar mis tiempos con sus rencores .

§ Despido a la desesperanza que me quitó el sueño en este año.

§ Se va también la rutina porque evidentemente no llegamos a entendernos, creo haberla derrotado y ella opta por irse

§ Se alejan de mi los charlatanes, los que me hicieron promesas y luego sufrieron de amnesia , los que perdieron las garantias de mis emociones

§ Termino empujando al dolor, ese que se agranda cuando quiere y se encapricha en quedarse , mi vida no lo resiste y quiero defenderla a rajatabla.

§ Despido en silencio a los envidiosos, los soberbios y los cínicos que intentaron arrinconarse para salir en la foto de mi vida

Es asi, hago una gran despedida porque espero no volver a verlos , confio en que todo lo que enumeré y le puse nombre se aleje para siempre, eternamente lejos...

Mi árbol tiene ramas que ya están abiertas para nuevas bienvenidas y en esas quiero colgar a los amigos verdaderos, me ayudan?

Susy Vera, 23 de diciembre de 2010

Otro saludo para compartir


Retribuimos el saludo y deseamos a estos jóvenes chascomunenses comprometidos políticamente por el vecinalismo, un fecundo año de comunicación con el pueblo que seguramente los va a elegir para gobernar los próximos cuatro años.
Son gente linda, son retoños de viejos militantes, son independientes, son solidarios, saben trabajar en equipo, en suma, tienen el perfil que la comunidad necesita.
Dios los bendiga, a todos los que integran la Unidad por Chascomús.

SALUDO NAVIDEÑO DEL PADRE HERNÁN

Estimados amigos:

Les regalo un poema para esta Navidad y le pido al Niño Dios que les conceda todos los deseos que atesoran en el corazón. Que pasen unas Felices Fiestas y un maravilloso 2011.

P. Hernán

Jesús es Navidad

Ya no hay soberanos, ni esclavos,

en Jesús somos todos hermanos,

nos entrega la tarea de edificar su Reino

para que todos nos demos las manos

en un abrazo solidario y fraterno.

Navidad será siempre una nueva noticia

que a todos libera de la falsedad

Jesús ha llegado, la vida es distinta,

no es imposible alcanzar la felicidad.

Nos lleva a un Pesebre

que en la noche brilla

nos baja a una cueva

para subirnos a su dicha.

Rompió todas las cadenas

que distanciaban a los corazones

y nos donó lo que alimenta

todas las relaciones.

Se abajó a nosotros

y nunca impuso su poder

ofreció su vida

para darnos de comer.

Se hizo uno de nosotros

para darnos su dignidad

y decirles a todos los hombres

que nacieron para amar.

Que desgarro tan profundo

nacer a nuestra realidad

para enseñarles a las personas

donde está la libertad.

En la fragilidad de un Niño

está nuestra salvación

nos ilumina con su paz

nuestro eterno Redentor.

Enséñanos pequeño infante

todo lo que podemos dar

y que construyamos nuestra vida

como un reflejo de tu portal.

P. Hernán Pérez Etchepare, ssp